viernes, 25 de mayo de 2007

Despertando con las gallinas

Él es Juan López. Tiene 78 años, casado, dos hijos. Ha vivido siempre en Isla de Maipo, y ha dedicado, como el mismo deja en claro, toda su vida a repartir el diario.

Aunque su rostro puede parecer el de un hombre que ha sufrido, connotando pena o amargura, lo cierto es que es todo lo contrario. Juan ha sabido vivir y disfrutar de las cosas simples, y aunque confiesa que no le agrada mucho levantarse temprano todos los días del año, ya se ha acostumbrado. Además, "alguien tiene que hacerlo", dice.


Son las cuatro de la mañana con cuarenta y dos minutos. Juan ya está en la oficina de El Mercurio de Talagante, esperando a que le entreguen los darios que deberá repartir. Ahí también hay cinco hombres más y una mujer. Sólo ella goza de juventud, los demás tienen de sesenta y cinco hacia arriba.

Conversan, se ríen, se cuentan historas. Parece que son amigos hace mucho tiempo. Reunirse con ellos todas las mañanas es una de las cosas agradables de este trabajo.










Ya son las cinco de la mañana con cincuenta y cuatro minutos. Todos los diarios ya están dentro del Citroen de Juan. Es hora de comenzar el recorrido, encontrarse con el sueño, el cansancio, la neblina y los perros guardianes de cada casa.


Luego de repartir todos los diarios, Juan se va a su segundo y principal trabajo. Hace cincuena y cinco años este hombre creo una librería llamada "El Abuelito". Un negocio pequeño pero muy completo que vende desde helados y bebidas, hasta sacapuntas y por supuesto, diarios.

"El Abuelito" ha sio el sustento económico de Juan durante toda su vida. Gracias a este negocio el ha podido salir a flote, mantenerse bien, y ser conocido en todo el pueblo como el abuelito.

Parece ser entonces que el trabajo de diarero es más un gusto personal que una necesidad. Por lo menos eso es lo que se puede ver cuando conversa y se ríe con sus amigos repartidores, día tras día, a las cinco de la mañana.








2 comentarios:

diario de un caminante dijo...

Este es un buen ejemplo de cómo, si tu personaje no realiza demasiadas acciones que lo hagan un multifacético ultra atractivo, igualmente el fotógrafo es capaz de armar una historia entretenida visualmente, dinámica y, lo más importante, con buenas fotos. Estoy pensando en las imágenes 1, 2, 3 5, 6 y 8. Por ejemplo, en 2, 3 y 5 el personaje está en el mismo lugar, apenas se ha movido y te podría criticar que pierdes muchas imágenes retratando la misma acción (o inacción), sin embargo pasas "gato por liebre", ya que en la primera de las tres la diferencia de de calidez lumínica entre el interior de la oficina y el exterior ofrece una resultado bello, lo mismo que en la tercera imagen de esta serie, mientras que en la segunda el sujeto aparece entre cajas y pilas de diarios, es decir muy bien contextualizado.
Creo que lo que echo de menos es a don Juan en su casa, desayunando por ejemplo, junto a su señora. O saliendo de su casa (no nos enteramos de su intimidad de su hogar), o charlando en la oficina con los otros viejitos que describes, o con algún cliente en la librería.... Finalmente, si repaso tu seguimiento, la mitad de este el personaje se lo pasa en la oficina de El Mercurio, y la otra mitad, en la librería (descontando el retrato inicial y la foto arriba del auto).
¿Por qué no lo muestras repartiendo diarios? Y otra cosa, si te fijas todos las fotos son de noche (o muy temprano en la mañana), quizás eso hace que de la sensación de que el seguimiento se llevó a cabo durante unas tres horas... entre 4 y 7am... lo que al final se refleja en las imágenes.

Fvelasco dijo...

Hola cristián.
El seguimiento no se realizó en tres horas, sino que en tiempos divididos. Mira, la primera mitad de las fotos son todas en la mañana (de 4:30 a 7 am).
Y la segunda mitad es en la noche, cuando el cierra su negocio (de 7:30 pm a 9 pm).

Ese día su señora estaba en cama, así que cuando le pregunté si podía sacar fotos en su casa, me pidio que no lo hiciera.
Pero me dijo que volviera en la semana, así que como diste más tiempo, voy a poder hacerlo.

Saludos, Francisco.